Se ignora para quien pintó Velázquez esta obra, aunque se sabe que se encontraba en el patinillo del compás del sevillano convento de San Antonio. De éste pasaría al Palacio Arzobispal durante el siglo XIX, donde ya debió llegar muy deteriorado. En él permaneció hasta que el arzobispo Bueno Monreal lo entregara al Museo de Bellas Artes de Sevilla, desde donde pasará por cesión del actual arzobispo al Ayuntamiento sevillano.
La obra es sin lugar a dudas una de las primeras en las que el autor refleja la influencia de sus viajes a la capital, pues las referencias claras al Greco y a las de su discípulo Luis Tristán son evidentes. Por ello el cuadro se data normalmente en 1623, fecha intermedia entre el Velázquez del primer periodo sevillano y el pintor plenamente cortesano.
La composición es estructuralmente triangular remarcada por la caida de la casulla sobre los hombros del santo. En los ángeles y en la Virgen se ha querido ver la representación de personajes de la familia de Velázquez que ya se conocen fueron usados como modelos en otras composiciones.