La obra, que suele fecharse en torno a 1620-1621, muestra ya una clara evolución sobre los modelos precedentes. Los rostros de los personajes se ocultan y sus posiciones se complejizan permitiendo una clara comparación con los objetos que completan el bodegón.
Pese a que las tonalidades ocres lo relacionan directamente con las obras de la primera etapa sevillana, la composición y la forma en la que han sido colocados los personajes han hecho dudar a los investigadores sobre su datación y sobre su autoría. Para muchos la obra se debe relacionar con el momento en que Velázquez está pintando el lienzo de los borrachos con el que indudablemente guarda notables relaciones. Sin embargo, de ello se puede inferir, que gran parte de la dinamicidad de las composiciones y del uso y control del color y del dibujo ya lo había dominado el maestro antes de sus viajes a la corte.