Description
El crucificado aparece con un rostro sereno, teniendo la boca entreabierta y la mirada levantada. Presenta una corona de espinas, las formas del pelo son onduladas, con uno de los mechones caído hacia su hombro derecho. Para recalcar el carácter divino, lleva sobre la cabeza una ligera aureola a modo de resplandor.
La anatomía se muestra clara y marcada, con un paño de pureza que deja al descubierto la cadera izquierda (recurso habitual entre los escultores de la época para demostrar la precisa captación del natural).
El pie derecho del crucificado permanece clavado en el suppedaneum, mientras que el izquierdo se ubica detrás de éste, clavado en el madero vertical y mostrando un ligero cruce de las piernas. Asimismo, advertimos un cristo de cuatro clavos. La cruz, esculpida con las líneas y las rugosidades propias de la madera, tiene clavado el título escrito en las tres lenguas: latín, hebreo y griego, tal y como cuentan las Sagradas Escrituras.
Bajo el crucificado se inserta un monte de rocas a modo de Gólgota.
En una placa a los pies de la cruz aparece la inscripción: "ANTONIO SUSILLO / Escultor sevillano / Autor de este crucificado / 1857-1896". Y en la cruz: "Ávila".
History
"En un informe del 11 de junio de 1897 elevado a la Comisión de Cementerios se habla por primera vez de la construcción, en la rotonda destinada hasta ese momento para erigir la capilla, de una escalinata y basamento para colocar sobre él el Cristo fundido en bronce del malogrado escultor Sr. Susillo. Hacía algo menos de seis meses que Antonio Susillo se había suicidado (exactamente el 22 de diciembre de 1896), y una de sus últimas obras era, precisamente, la espléndida figura de un Crucificado, realizada en 1895. No ha sido posible determinar la naturaleza del encargo de dicha obra, pues el expediente municipal tan sólo hace referencia a la adquisición de la obra a los herederos. Existe un boceto en barro de la cabeza, de tamaño natural, en una colección privada sevillana, pero carece de fecha o de alguna otra indicación. Lo único cierto es que el Ayuntamiento, no sin problemas, terminó adquiriendo la escultura en el mes de octubre de 1897 por un valor de catorce mil pesetas. Dicha cantidad fue incluida dentro del presupuesto municipal para obras y mejoras. Quizás ello nos permita comprender el abandono del proyectado monumento para la portada del cementerio: tras las intervenciones de Sáez López, el conjunto de la rotonda de entrada había alcanzado ya un estado cercano al actual; por el contrario, el interior de la necrópolis distaba aún de ofrecer la imagen de dignidad requerida, y así, abandonada la idea de la capilla, era necesario levantar allí una obra emblemática. Esta es la función que iba a cumplir el Cristo de Susillo, cuya instalación concluyó en 1904". (Rodríguez Barberán, Fco Javier, 1996)
Los restos del artista fueron trasladados desde el número 83 de la Calle Virgen María a la cripta actual, bajo la escultura, el 22 de abril de 1940.
La obra ha tenido tres restauraciones importantes: la primera se trató de una intervención de urgencia que tuvo lugar alrededor de 1946. Se dejó una firma "Ávila", como constancia de dicha restauración, sobre la cruz del crucificado. Ésta, por los resultados, tuvo que ser insuficiente, asimismo se realizó un nuevo proyecto de restauración entre 1984 y 1985 realizada por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. El equipo encargado estaba formado por Francisco Arquillo Torres, Joaquín Arquillo Torres, Silvia Patricia Martínez y Juan Abad, junto con la colaboración de algunos estudiantes de la Facultad. Finalmente, entre noviembre de 2014 y marzo de 2015, se sometió a la obra a una restauración integral para dotarla de estabilidad y acercarla a su aspecto original, despojando del monte el conjunto de hiedras que ahí proliferaban, para ello se realizó un estudio de patologías y ataques biológicos. La intervención fue realizada por José León calzado y su equipo.
Cabe destacar que el origen del nombre del Cristo de las Mieles proviene de fechas próximas al traslado de los restos de Susillo a la cripta bajo la escultura. Varias personas alegaban haber visto al cristo llorar miel, lo que originó la leyenda. Se pudo descubrir, finalmente que, debido a la forma hueca de la escultura, una colmena de abejas se había establecido en su interior. Eso y junto con el bronce calentado por el sol, hacía manar la miel al exterior.