Description
La población se encuentra situada al pie del macizo de Jabalcuz, recostada en la falda del cerro de Santa Catalina, sobre el valle del Guadalbullón, con una altitud media de 550 metros dominando la cabecera de la parte alta de la Depresión Bética.
Se pueden estucturar las tipologías edificatorias en 3 categorías: la casa popular unifamiliar tradicional, las edificaciones que materializan la arquitectura culta de los últimos siglos y la arquitectura estándar de las décadas recientes.
El primer tipo se da principalmente en las zonas 2 y sobre todo 1. Son construcciones de una o dos plantas y ocasionalmente una tercera abuhardillada, generalmente destinada a otros usos que no son especificamente el de viviendas. Las composiciones en fachada (encaladas en blanco) son muy sencillas, no existen vuelos, solamente aleros y cornisas. La distribución de huecos se produce de manera orgánica y sin orden preestablecido, las puertas son de madera y las ventanas y antepechos de balcones se protegen con rejería de forja (en las construcciones más antiguas) y de cuadradillos huecos y pletinas en las más modernas, adornadas siempre por dibujos geométricos más o menos sencillos. La edificación se dispone siempre en borde de parcela adosándose con medianerías a las dos construcciones contiguas.
En lo referente al sistema constructivo, se utiliza el muro de carga de mampostería o tapial con entresuelos de vigas de madera y revoltones cerámicos de yeso. La cubierta de construye con elementos resistentes de madera y teja árebe de color parduzco. Son edificios de dos o tres crujías de 4 m. de ancho cada una aproximadamente y situadas paralelamente a fachada. Al fondo queda sitio para un patio para huerta o corral.
Dentro de la arquitectura culta se engloban tres subtipos: la casa-palacio, la casa solariega y la casa historicista. Las casas-palacio son edificios de gran volumen que se desarrollan generalmente en parcelas que presentan fachada a dos calles ocupando la mejor situación dentro del entramado urbano, en plazas cerca de iglesias y conventos. Sus fachadas se estructuran en toda la dimensión del plano y en ellas destaca la portada en piedra labrada.
La casa solariega perteteneciente a la burguesía agrícola acomodada, se construyen en los siglos XVI y XVII; como elemento de diseño más relevante destacamos el diseño de la portada. En planta consta de tres crujías paralelas a la fachada; son edificios construidos con gruesos muros de mampostería.
La casa históricista surge a mediados del siglo XIX y es producto de una nueva clase burguesa, más agrícola que industrial. Son viviendas tanto unifamiliares como plurifamiliares. Las fachadas suelen ser simétricas con la puerta de entrada dominado la composición. El elemento fundamental es el balcón con huecos enmarcados generalmente con molduras de yesería y protegido por rejas de hierro fundido. Suelen tener tre o cuatro plantas.
La ciudad intramuros es prácticamente la que nos llega al siglo XX. No existen, exceptuando el arrabal de las Monjas, ensanches barrocos o neoclásicos fuera del recinto amurallado. En la parte alta de la carretera de circunvalación, la más cercana a las faldas de la antigua fortaleza árabe, se han desarrollado a lo largo de este siglo dos barrios -San Vicente de Paul y del Tomillo-, que debido a ser zonas marginales, han crecido de acuerdo con el urbanismo tradicional. Los desarrollos de mediados de siglo se han realizado por el borde Norte y Oeste del conjunto, provocando una enorme destrucción del patrimonio.
Historic Info
La ciudad de Jaén se asienta a los pies del cerro de Santa Catalina, en el tránsito de la Sierra Sur hacia la Campiña. El río Jaén, constituido por los aportes de los ríos Frío y Eliche, produce con su desembocadura en el Guadalbullón el paso natural hacia el Guadalquivir. Esta encrucijada natural y los importantes recursos hídricos la convertirían en enclave de obligado paso hacia la meseta castellana.
El importante aporte de agua del cerro de Santa Catalina (destacando el raudal de la Magdalena) atrajo a los primeros grupos neolíticos, y ya en la Edad del Cobre se dotó al paisaje de una importante estructura urbana a partir de anillos concéntricos fortificados que encauzaron esos arroyos a través de los fosos previos y llegando la extensión del anillo exterior a superar el kilómetro de diámetro.
La búsqueda de una topografía más elevada fue elemento clave a partir de los periodos históricos, localizándose un oppidum en las faldas del cerro de Santa Catalina, posterior al gran asentamiento de Puente Tablas.
Desde época romana la ciudad se asentaría definitivamente a los pies del cerro. Esta ciudad parece que tendría como núcleo la actual área en torno al barrio de la Magdalena, donde algunos autores sitúan el foro, volviendo a constatarse la importancia del raudal, y erigiéndose el primer cinturón de muralla además de las consecuentes obras públicas.
Para la etapa visigoda contamos con escasos testimonios, si bien se observa una notable crisis con el decrecimiento del área urbana respecto a la época anterior, localizándose vertederos y enterramientos en el interior de las murallas romanas.
Sería en época medieval cuando la construcción de un Alcázar en la cima del cerro y de una nueva muralla que protegiera a la ciudad marcasen de manera definitiva la evolución del plano urbano en los siglos venideros. Es la ciudad islámica un importante centro defensivo desde el momento en que Abd al-Rahman II decide trasladar la capitalidad de la cora desde Mentesa (La Guardia) a Jaén. Esta condición capitalina vino acompañada de un ambicioso programa constructivo: el Alcázar y la Alcazaba en el cerro, la construcción de mezquitas y baños públicos y la importante conducción de aguas del manantial de la Magdalena.
Tras largo tiempo de asedio, Fernando III conquista la ciudad en 1246. Según algunas fuentes, el mismo rey ordenaría construir la fortaleza cristiana anexa a la islámica, denominándola de Santa Catalina debido a la festividad del día de la capitulación.
Solo los arrabales de época cristiana dibujarían un cambio sustancial en su proyección. No obstante, este impulso de crecimiento sufriría numerosas trabas. La constitución del arrabal de San Ildefonso, uno de los proyectos más importantes, fue lenta, habitándolo en sus orígenes sólo gente humilde y diversos gremios, como el de los alfareros. El Descenso de la Virgen, en la noche del 10 de junio de 1430, siguió una ruta que, partiendo desde la primitiva catedral, culminaría en la entonces modesta parroquia de San Ildefonso. Ennoblecida la zona por el Descenso, las reformas arquitectónicas a partir de esta fecha son numerosas. El barrio crece de manera notable conquistando la ladera de un barranco y se procede a la construcción de numerosos palacios en la parroquia (como el del Marqués de Navasequilla), consiguiéndose desviar población de la sobreexplotada ciudad intramuros.
Cuando en 1459 llega a Jaén el Condestable de Enrique IV, Don Miguel Lucas de Iranzo, se impulsan otras reformas esenciales. Una de las más características sería el acondicionamiento de la plaza de Santa María, frente a la primitiva Catedral, por aquel entonces un terreno en brusca pendiente rocosa en el que hacía parte de su recorrido la muralla y que se convertiría en escenario de capeas y diversos espectáculos públicos. La apertura de la actual calle Bernabé Soriano o Carrera (que durante muchos siglos permanecería como la más recta y ancha de la ciudad) y el traslado de las insalubres carnicerías a