Description
Situado el bien en la huerta del Retiro de los Jardines del Alcázar, limita con los Jardines de Murillo y los de Catalina de Ribera. Una zona histórica de la ciudad que queda avalada por la cercanía de significativos espacios urbanos y edificios. Así a unos 300 metros se encuentra el Patio de Banderas, al que se llega atravesando el barrio de Santa Cruz, y a unos 500 metros en la misma dirección se llega a la Catedral. El Hospital de los Venerables en la Plaza de los Venerables, queda a unos 200 metros de distancia y el convento de San José en la calle Santa Teresa, a 180 metros. La iglesia de Santa Cruz, en la calle Mateos Gago, en la que también intervino Juan Talavera, está a 400 metros. Todos estos últimos inmuebles que sirven para referenciar la posición de esta escuela maternal en su contexto más próximo se encuentran en el barrio de Santa Cruz. A ello habría que añadir, la antigua Real Fábrica de Tabacos, actual sede central de la Universidad de Sevilla, a unos 500 metros de la Escuela Maternal, a la que se llega recorriendo a pie los jardines de Catalina de Ribera.
Los inmuebles citados definen uno de los lugares más conocidos de Sevilla que está ligado a la historia fundacional de la ciudad. Los diversos jardines que lo rodean explican su situación de borde en el barrio, muy próximo a la ronda extramuros que delimitaba toda la ciudad de Sevilla hasta mediados del siglo XIX. Es evidente su relación directa con estos espacios verdes que han terminado por configurar una de las imágenes más característica de nuestro paisaje urbano. A pesar de la densidad de edificación que existe en el Barrio de Santa Cruz, aparecen varias plazas de pequeñas dimensiones, las primeras en el límite con los Jardines de Murillo como la Plaza Alfaro, Plaza de Santa Cruz y Plaza de Refinadores; otras, están en el interior del barrio, como la Plaza de los Venerables, Plaza de Doña Elvira y Plaza de las Tres Cruces.
Los jardines del Alcázar es el referente que caracteriza principalmente el emplazamiento ya que la Escuela Maternal está en su interior y sus estancias se abren a este espacio abierto ajardinado. Al exterior, el muro cierra toda relación con el entorno, quedando la Escuela Maternal oculta pasando desapercibida al habitante de la ciudad que recorra tranquilamente los jardines de Murillo o de Catalina de Ribera. De la escuela maternal sólo queda constancia al exterior, la puerta de entrada.
Juan Talavera intervino en la urbanización de los jardines de Murillo participando en el diseño de este muro cerramiento. El edificio de cocheras que posteriormente fue reutilizado, se construyó apoyado en este muro cerramiento entre 1916 y 1928. En esos años José Gómez Millán trabajaba como arquitecto conservador del Alcázar. El carácter peatonal que siempre ha tenido esta zona le confiere una dinámica propia, separada de los ritmos actuales que genera el tráfico rodado por la calle Menéndez Pelayo.
Observando el inmueble, se deduce por su organización y estructura que le precedió un uso de carácter industrial como así puede denominarse el empleo que como cochera se realizó del inmueble antes de su adaptación a escuela maternal. La estructura de hormigón es un dato en el que se apoya esta hipótesis. Se trata de unos pórticos con pilares espaciados y ausencia de cerramientos en la fachada al jardín por donde se realizaría la entrada y salida de vehículos. Los espacios diáfanos, sólo cualificados por la propia estructura portante puede entenderse como simples contenedores de múltiples funciones: cochera, almacenaje, o en este caso, docente.
La Escuela Maternal María Inmaculada es un edificio de una sola planta, adosado al muro cerramiento que separa los jardines del Alcázar de los de Murillo. El carácter lineal del edificio se ve alterado por dos volúmenes que se adelantan hacia los jardines, pero sin modificar el plano del techo que se mantiene continuo. Estos dos volúmenes tienen anchos diferentes, según las funciones que vendrían desarrollando antes de su adaptación al uso docente. Al exterior, es decir, a los jardines de Murillo, la imagen volumétrica del edificio queda reducida a la que provoca el muro cerramiento, tratado con una composición parecida al muro que delimita el resto de los jardines del Alcázar.
Puede catalogarse el edificio de una tipología anormal. La utilización del edificio como cochera facilitó en su momento el empleo de una tecnología novedosa en la ciudad; una estructura porticada de hormigón armado. El resultado son espacios continuos y diáfanos que se descubren flexibles y adaptables al uso docente. Antes de la construcción de nueva planta de los grupos escolares de los años treinta, la adaptación de cocheras, almacenes u otros tipos de edificios similares para paliar el déficit de plazas escolares que poseía la ciudad era frecuente. Con la adaptación a Escuela Maternal se pone en valor una construcción que se aproxima al edificio lineal de una crujía y media.
La entrada, por la calle Antonio el Bailarín, se encuentra en el extremo sureste del edificio, casi en la esquina. El ancho -crujía y media- junto a la forma lineal que desarrolla, justifica la distribución interior, con un pasillo corredor junto al muro cerramiento que va dando acceso a cada una de las dependencias que quedan orientadas hacia los jardines interiores. Se desarrolla así un programa minucioso, con actividades muy determinadas. Tras el acceso, se encontraba la inspección médica. Los niños sospechosos de tener alguna enfermedad infecciosa eran devueltos a su casa. Los admitidos pasaban con las madres al siguiente recinto donde estaba el despacho de dirección y registro. El gabinete de inspección médica y el registro tenían salas de espera para las madres; después del registro del niño, las madres se despedían de sus hijos, que pasaban al interior con sus cuidadoras. A partir de esta parte, el edificio es una secuencia lineal de espacios. Las aulas se suceden, sólo interrumpidas por otras de uso singular y que corresponden a los volúmenes que avanzaban hacia los jardines: uno era un solarium con piscina y otro una sala de reposo con comedor. En el extremo noroeste, el programa concluye con dependencias para los cuidadores, salas de lavado, planchado, despensa y casa de servicio que fueron añadidas por Juan Talavera inmediatamente después de entrar en servicio la Escuela Maternal.
En la fachada a los jardines de Murillo se abren ventanas de tamaño reducido, coincidiendo con algunas estancias determinadas del programa escolar que posteriormente se introdujo. Hacia los jardines del Alcázar, fachada suroeste, la imagen está caracterizada por la estructura de hormigón armado, los pilares, el vuelo y las ménsulas de sección variable. Los huecos quedan por tanto determinados por las dimensiones de estos elementos estructurales. Un elemento que altera esta visón homogénea es una pérgola que Juan Talavera introdujo entre los volúmenes salientes del solarium y el comedor.
Revestimientos de azulejos, en baños y cocinas. El suelo estaba construido por losas de cemento coloreadas. Las instalaciones sanitarias con las bañeras y los inodoros de medidas especiales deben ser consideradas como parte de los materiales que registran otra escala diferente de los espacios de la Escuela Maternal. Las carpinterías eran de madera.
Historic Info
Edificio que reutiliza las antiguas cocheras de los jardines del Alcázar, construida entre 1916 y 1928.
El proyecto original redactado por Juan Talavera fue ampliado el mismo año de 1937 tras ser inaugurada la Escuela Maternal. La estructura de hormigón armado visto de las antiguas cocheras confiere a este edificio un interés especial, siendo de los pocos inmuebles de la época que hacen uso de esta tecnología.
La idea de adaptar a escuela maternal las construcciones destinadas a garaje en la huerta del Retiro de los jardines del Alcázar fue del capitular Fernández Ballestero y aprobada la propuesta por la Corporación Municipal el 19 de marzo de 1932. El proyecto fue redactado por Juan Talavera en octubre de 1932. En enero de 1933 fue aprobado por la Comisión de Monumentos Históricos Artísticos de la provincia de Sevilla que puso como condición la construcción de un muro de separación con los jardines del Alcázar, similar al del cerramiento exterior y que se dejara libre el acceso al monumento por el paseo Catalina de Ribera, por lo que la entrada a la Escuela Maternal sería desde los Jardines de Murillo. En agosto de 1934 la Comisión de Hacienda suspendió la iniciativa por falta de fondos. En marzo del año 1936 el presidente de la Comisión de Obras Públicas, señor Estrada Parra, propuso que se construyera el proyecto al amparo del decreto de 15 de junio de 1934 con financiación a cargo del Estado. En agosto de 1937 se inauguró la Escuela Maternal María Inmaculada.
Juan Talavera y Heredia nació en Sevilla el 29 de diciembre de 1880, hijo de Juan Talavera y de la Vega, también arquitecto, con importante actividad durante la segunda mitad del siglo diecinueve. Juan Talavera y Heredia se tituló en 1908, en Madrid, regresando entonces a Sevilla.
Queda pronto vinculado a las actividades que en la ciudad se realizan desde las oficinas técnicas del ayuntamiento, siendo ya en 1913 Arquitecto Jefe de Obras por Administración, es decir, Arquitecto Titular del Ayuntamiento.
El nombre del arquitecto Juan Talavera está asociado a una producción arquitectónica que en Sevilla supone una visión particular de una modernidad que sabe combinar valores encontrados en las construcciones castizas y blancas de las haciendas y cortijos con una aproximación a los postulados funcionalistas europeos de la década de los años treinta. Quizá por esta razón queda olvidado en muchos estudios que se realizan sobre la arquitectura de nuestra ciudad de principios del siglo XX, a la sombra de Aníbal González, Ricardo Espiáu o los hermanos Gómez Millán.
De Juan Talavera es una de las propuestas de ordenación de ciudad con mayor visión de futuro, que no fue realizada y que tiene la temprana fecha de 1917. Junto a obras importantes como la reforma de la Plaza Nueva, viviendas en el casco histórico de interés como la construida para él en la Plaza de Santa Cruz, el pabellón del Aceite para la Exposición Iberoamericana de 1929, el Hotel Oromana en Álcala de Guadaira, quedará este arquitecto vinculado a las propuestas y construcciones de edificios escolares que se llevaron a cabo en Sevilla durante la Segunda República, que son claros ejemplos arquitectónicos de la corriente racionalista europea que se imponía en esos años.