La
Alameda Apodaca presenta una orientación de este a oeste y corre paralela al trazado de la muralla que se sitúa entre las llamadas murallas de San Carlos y el Baluarte de la Candelaria.
El diseño, debido a un quiebro de la muralla, presenta en planta un trazado lineal ligeramente quebrado, y está compuesto por una secuencia de glorietas circulares y salones rectangulares que confluyen en el punto central formado por el monumento al Marqués de
Comillas, que divide en dos partes el espacio siguiendo el trazado primitivo del Salón alto y bajo.
La materialidad del espacio público está marcada por la hegemonía regionalista imperante en la época, de la que el arquitecto Talavera era un destacado representante. El empleo de la cerámica vidriada es un rasgo característico, tanto como lo es la forja de hierro con la que se construyeron los bancos y las luminarias del paseo, que también fueron incorporadas a la fachada marítima de la ciudad. Buscando potenciar la raigambre andaluza del espacio, los caminos de comunicación se cubren con pérgolas de madera, apoyadas sobre pilastras de ladrillo.
La presencia de la vegetación constituye el rasgo más característico del espacio. Los parterres se delimitan con tuyas en el lado más próximo a la ciudad, y con aligustre en el más cercano al mar. Esta diferenciación por proximidad también se lleva a la vegetación de gran porte. El límite del paseo hacia la avenida se construye con árboles de hoja caduca, fundamentalmente plátanos, mientras que hacia el mar se colocan las especies con una vocación más americana, entre las que destacan dos ejemplares de ficus y otros dos ombús.
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