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El municipio almeriense de Pulpí, celebra en la última semana de septiembre, las fiestas en honor a San Miguel, patrón de la localidad. Aunque son muchos los actos que se llevan a cabo durante estas fiestas, son la procesión del patrón San Miguel, que se realiza siempre el día de su onomastica (29 de septiembre) y los emblemáticos toros de fuego los más significativos. La celebración se inicia normalmente el miércoles o jueves con los tradicionales actos de la inauguración del alumbrado público, la elección de la reina y damas y el pregón a cargo de una persona reconocida del pueblo. El fin de fiestas se produce el domingo con los tradicionales fuegos artificiales.
Previamente e a la procesión algunas personas inmersas en la participación de la actividad parroquial, se encargan de engalanar el trono de la imagen del patrón San Miguel con multitud de flores. El 29 de septiembre, tiene lugar la santa misa en el templo Parroquial de San Miguel Arcángel y la posterior procesión del patrón por las calles de la localidad. Se trata de uno de los momentos más significativos de la fiesta, ya por su amplia participación vecinal y por el reecuentro con los familiares que se han desplazado desde otros lugares para acudir a la procesión.
Una vez finalizada la misa, una serie de voluntarios se organizan para portar el trono de San Miguel a hombros, mientras que el resto de asistentes se agrupa en la Plaza de la Libertad esperando el momento más espectacular de la procesión: la salida del paso a hombros de los costaleros. Justamente detrás de la imagen se colocan las autoridades: representantes políticos de las distintas fuerzas políticas de la localidad, así como guardia civil, policía, clero y la reina y damas de las fiestas. La procesión transcurre por varias de las calles más importantes del pueblo finalizando en la plaza de la iglesia donde reciben al santo con una gran traca.
Los toros de fuego constituyen sin duda el elemento más emblemático de la fiesta. Estos consiste en un armazón de hierro con forma de arco, dos ruedas y un hierro alargado con forma de T, llevado normalmente por dos personas que lo pasean por las calles, soltando vez en cuando carretillas.La celebración de este ritual ha ido variando con el transcurso de los años. Los mayores del pueblo recuerdan que antiguamente, se colocaba una cuerda a media altura que se ataba a varios palos ubicados en los extremos de varias calles (de la sacristía a la esquina de la ¿Liñana¿). En la cuerda introducían varias ruedas con multitud de carretillas y una vez que se prendía la mecha, estas comenzaban a girar velozmente de forma que avanzaban por toda la cuerda situada a una altura considerable para que durante el recorrido, las ruedas, no quedaran obstaculizadas por la cercanía con el suelo. Algunas veces, alguna que otra persona detenía el recorrido de las carretillas con una vara de forma que hacía aumentar la explosión de estas. Dicha actividad se combinaba con el toro de fuego cuyo armazón se hacía de cañas forradas con carretillas, y en el interior de dicha estructura se introducía una persona que corría por las calles persiguiendo a los intrépidos participantes. En torno a la década de los 50, el armazón del toro se fabricaba sobre un carrillo de mano de madera y con las ruedas de hierro. El material utilizado para construir el armazón eran cañas verdes u hojas de palmeras que se retorcían para dar forma a la estructura. Su estructura ha sufrido diversas modificaciones acompañadas por las transformaciones económicas y el paso del tiempo. Hoy día, existen varios armazones de hierro de diferentes tamaños: unos son más pequeños, dirigidos a los participantes de menor edad, y otros de mayor tamaño para los participantes de mayor edad.
Antaño, para lla organización y financiación de la fiesta se elegían una serie de personas que ostentarían el cargo de mayordomos. En la actualidad es el ayuntamiento el encargado de organizar y financiar las fiestas.