Origins
El origen del Carnaval en la localidad de Los Molares parece que pudiera remontarse a los años treinta del siglo XX, cuando los hermanos José y Miguel Moreno Muñoz decidieron poner música a sus versos y transformarlos en coplas que luego cantaban las murgas callejeras.
Tras un largo paréntesis causado por la Guerra Civil y la posguerra, el Carnaval volvió a renacer con fuerza en Los Molares en 1959. No obstante no se ha podido registrar ningún testimonio de las también tradicionales, y más extendidas en otros lugares, máscaras de carnaval, ya que, según aportan los informantes, murgas y comparsas iban siempre a cara descubierta, puesto que el Régimen no hubiese permitido el anonimato. Por otro lado, en un cuaderno se reunían todas las coplas y el maestro de cada murga debía presentarlas al alcalde, al cabo de la Guardia Civil y al sacerdote para dar su conformidad, pues la censura a favor de la moralidad católica del momento era una práctica cotidiana en todos los ámbitos.
En estos años solían salir dos tipos de agrupaciones carnavalescas, la comparsa, que siempre llevaba una bandera y cantaba coplas más serias, y la murga, con coplas más divertidas y un vestuario bastante informal. Unas y otras, al frente de un "maestro" que llevaba la batuta y el libro con las letras impresas, cantaban las conocidas "coplillas dedicadas" a paisanos a los que les hubiese ocurrido sucedido algo destacable a lo largo del año; después de cada actuación, bien en la calle o bien en la puerta del "dedicado", el "pedilón" (o pedigüeño) pasaba la pandereta para que los asistentes depositaran en ellas algunas monedas.
Este tipo de murgas con un maestro al frente suponen un modo de expresión característico, al menos, de esta zona de Andalucía, pues sabemos de su existencia dentro de la misma comarca del Bajo Guadalquivir en la vecina localidad de El Coronil, así como en el municipio de La Barca de la Florida de la comarca de la Campiña jerezana o en Paterna de la Rivera de La Janda, de la que conocemos su existencia durante los años cincuenta.
Al término de la dictadura el Carnaval pasó por una etapa de engrandecimiento, como símbolo de la libertad recién adquirida, donde los ayuntamientos apoyaban y fomentaban el hecho de sacar a la calle, sin tapujos, una manifestación festiva popular que había estado durante cuarenta largos años prohibida y, en el mejor o peor de los casos, censurada. Sin embargo, desde finales de los ochenta y principios de los noventa, en gran medida provocado por el gran auge que había alcanzado la celebración de los carnavales a nivel general, y en especial de los gaditanos, el modelo de carnaval local en los distintos pueblos de Andalucía se va transformando poco a poco y se adoptan elementos típicos del carnaval de Cádiz, como puede ser el tradicional pasacalles, que se hace extensivo a todas las celebraciones y el concurso de agrupaciones.
Sin embargo, a pesar de este giro, que como hemos mencionado se ha dado a nivel regional, algunos carnavales continúan manteniendo sus propias señas de identidad, aunque conviviendo con las tradicionales con las ya asimiladas y adaptadas según cada caso. En este sentido, hasta 2007 han continuado saliendo a las calles de Los Molares agrupaciones compuestas por familiares y amigos según los tradicionales modelos de comparsa y murga.
Preparations
Los ensayos de las diferentes agrupaciones, compuestas por familiares, amigos y vecinos, comienzan, al menos, cinco meses antes de las fechas propias del Carnaval. Hay algunos grupos que salen año tras año y que tienen ya una cierta trayectoria continuada y, en otros casos, se forman nuevas agrupaciones y otras desaparecen; dependiendo del año han llegado a reunirse hasta nueve agrupaciones en unos mismos carnavales.
Explanation
La celebración se inicia el sábado con la realización de un pasacalles en el que participan varias carrozas y alguna charanga, más todos aquellos grupos de vecinos disfrazados que acompañan el desfile, participando a la finalización del recorrido en un concurso de disfraces y de agrupaciones en la caseta municipal.
El último acto del sábado es el pregón, en el cual algún vecino del pueblo, elegido por su relación con dicha fiesta, habla acerca de la trascendencia que ha tenido y tiene la actividad ritual en la localidad, normalmente mencionando las distintas agrupaciones que han destacado en unos y otros años.
El domingo constituye el día principal de la celebración, ya que las agrupaciones salen a la calle para cantar sus letras, recorriendo el pueblo y haciendo paradas en las distintas plazas y en los bares de la localidad. Antaño estas paradas se realizaban en los domicilios particulares para cantar las "coplillas dedicadas", pero en la actualidad son este tipo de establecimientos quienes le brindan una invitación a cambio de sus letras.
Transformations
La principal transformación sufrida en el Carnaval de los Molares ha venido ocurriendo desde finales de los años ochenta y principio de los noventa del siglo XX, a causa de la adopción del modelo gaditano de celebración, en el que las tradicionales murgas y comparsas, así como sus elementos (maestro, coplillas, tonales y "pedilón") van dejando paso a las nuevas comparsas y chirigotas con letras más elaboradas y música propia.
En la actualidad la figura del "pedilón (o "pidilón"), que pasaba la pandereta entre los vecinos, ha sido sustituida por la del "postulante", que se encarga de vender los libretos y soportes digitales de audio. Igual ha ocurrido con la del maestro, que ha pasado a ser el director de la agrupación y las letras, en lugar de llevarlas en su cuaderno, se venden al público impresas en libretos editados para la ocasión.
Los días de carnaval en Los Molares eran tradicionalmente el "Domingo de Carnaval", día en el cual las diferentes agrupaciones salían a la calle para cantar sus coplillas y el "Domingo de Piñata", celebrado a la semana siguiente y muy popular entre los jóvenes, pues eran ellos los principales protagonistas de los juegos preparados para tal día, consistentes de romper un búcaro o cualquier cacharro de barro que se colgaba de una cuerda y se llenaba de caramelos, utilizando para ello un palo o bastón y llevando los ojos vendados. Así, el "Domingo de Piñata" ha desaparecido y el "Domingo de Carnaval" se ha visto ampliado al sábado previo con la realización del pasacalles y del concurso de disfraces, el cual se ha generalizado en la actualidad por los distintos bares del municipio.