El primer paso consiste en la obtención de la materia prima. El barro para la elaboración de la teja árabe se extrae de una cantera local ubicada en la Vega del Guadalquivir. Una vez extraída la arcilla se lleva en terrones a la fábrica donde, tras dejarla secar en el suelo, se coloca en una gran pila de obra. Aquí el barro se distribuye uniformemente hasta obtener una superficie pareja y se cubre con agua para que vaya adquiriendo la justa consistencia y elasticidad para ser trabajado.
El barro preparado se introduce en una maquina mezcladora-moldeadora de la cual se obtienen pegotes cilíndricos de barro que constituyen las antiguas pellas, porciones de barro de forma cónica destinadas al torneado manual.
En la actualidad, el torneado de la pieza lo realiza una maquina torneadora, la que ha venido a substituir el trabajo manual del torno. De cada pegote sale una pieza en bruto de estructura ligeramente troncocónica que se coloca en el suelo para su secado, formando grandes hileras.
Una vez que la pieza sale de la maquina torneadora se "hacen los bordes", proceso que consiste en limpiar los extremos de la pieza de las virutitas que quedan, alisando el borde con las manos mojadas hasta emparejar la circunferencias. El primer borde se hace al salir la pieza de la maquina y al día siguiente se repasa el otro.
El proceso de secado de las piezas se realiza en el suelo. Las piezas se colocan a secar apoyadas sobre su extremo más ancho y se dejan en esta posición el tiempo necesario para que alcancen la justa consistencia, sin perder la humedad. Este tiempo varía en función de las condiciones meteorológicas, siendo más corto en los meses calurosos y más largo durante los meses invernales. El secado tiene que se gradual, para que las piezas no se partan, por lo que en verano se realiza en la sombra, a veces cubriendo las piezas con plásticos para que no pierda humedad demasiado rápido. En invierno, ocurre lo contrario, por lo que es frecuente que se acelere el proceso de secado con la ayuda de un sistema de ventilación.
Tras cortar las piezas se vuelven a colocar en el suelo para que terminen de secar, teniendo cuidado de invertir su posición para que se oreen uniformemente. Cuando están perfectamente secas, el artesano golpea suavemente cada tubo para que se parta en dos mitades iguales dando lugar a las tejas.
En el caso de la teja árabe, que no requiere de labores decorativas, se procede a hornear las tejas introduciéndolas en el horno. Cada carga cuenta aproximadamente con 3.500 o 4.000 tejas árabes y de media la tejería realiza dos procesos de horneado a la semana. La cocción dura aproximadamente veinticatro horas, consumiendo en promedio seiscientos litros de gasoil.
Para la producción de tejas vidriadas se utiliza un barro rojizo y se realiza el procedimiento del bizcochado. Es decir que se esmalta la pieza tras una primera cocción. Una vez aplicado el esmalte sobre el bizcocho, se vuelven a hornear las piezas utilizando a tal fin un horno más pequeño (con una capacidad para trecientas tejas) y teniendo cuidado de separar bien cada teja para que el esmalte no se pegue.