Una vez que el maestro recibe un encargo, el primer paso a seguir es la toma de medidas, para lo cual él mismo se desplaza hasta la iglesia o templo en el que se encuentre la imagen.
Una vez se tienen las medidas, se comienza con el diseño. Normalmente las hermandades no llevan ninguna idea preconcebida cuando hacen el encargo y el artesano tiene libertad para crear, aunque es muy importante que lo haga acorde con el estilo o canon imperante en cada cofradía, pues para cada uno existen una serie de elementos definidos y, a partir de ellos, ya se da rienda suelta a la creatividad del maestro. Para nuestro informante es tarea fácil cuando trabaja para las hermandades de Jerez, porque las conoce perfectamente y sabe cuál es el estilo estético de cada una de ellas.
Es muy importante tener presente, a la hora de hacer el diseño, el presupuesto de la cofradía, pues ambos deben ajustarse lo máximo posible. Por ejemplo, el estudio de tejido está encaminado a conseguir los efectos que el maestro bordador busca en la pieza, pero se encuentra limitado por el presupuesto facilitado, y lo mismo ocurre con la elección de hilos y puntos.
Una vez que se tiene el diseño, se pasa a la hermandad y ésta debe aprobarlo a través del cabildo, su órgano de toma de decisiones. Cuando el cabildo da su aprobación, el maestro hace entonces el proyecto a escala, es decir más pequeño que el real pero que incluye todos los detalles y que servirá de guía durante todo el proceso de elaboración.
El siguiente paso es pasar el dibujo a tamaño real sobre papel resistente y enumerar las distintas piezas, luego se trasladan los distintos motivos por separado a papel vegetal para trabajar sobre ellos y conservar el original.
Se despieza, se nombra cada pieza (hoja, jarra, roleo, etc.) y se numeran, anotándose el tipo de punto y el tipo de hilo que necesitará posteriormente.
Una vez que se tienen los patrones individuales, éstos hacen de guía para elaborar los rellenos. Para ello se utilizan distintos materiales, principalmente pañete, lana o fieltro, pues el algodón se deforma fácilmente y hace más complicado dar el relieve a la pieza.
Para sacar el relleno de cada pieza, se coloca sobre el soporte elegido el patrón de la pieza en cuestión, previamente perfilada su silueta con pequeñas perforaciones y se estarce o calca con una muñequilla rellena de carboncillo, quedando así el dibujo perfectamente marcado en el tejido, tras lo cual se recorta y ya está listo el relleno.
El siguiente paso es preparar los bastidores pequeños, en los que se tejerán las diferentes piezas que formarán el modelo final. Para ello se corta una pieza de lienzo moreno del tamaño apropiado para el motivo o motivos que se van a tejer. Se adapta el bastidor a la medida del lienzo y se fija éste. Para hacerlo, en las barras largas del bastidor se clava una tira de lona gruesa y se cose el lienzo a ella. Después hay que sujetarlo a las barras más pequeñas, llamadas varetas, utilizando una cuerda que se va pasando por unos agujeros hechos en el lienzo puesto doble por los extremos para darle así mayor resistencia. Y hay que seguir ajustando los cordones hasta que el lienzo quede muy tenso.
Una vez hecho esto, se aseguran los cuatro extremos introduciendo un clavo en la unión de las varetas; una vez que éstas están tirantes para que no se muevan, y se almidona el lienzo.
Cada bastidor puede utilizarse para una o varias piezas, dependiendo del tamaño de las mismas. Sobre el soporte o lienzo se coloca el relleno que anteriormente se ha elaborado para cada pieza y se fija, cosiéndolo al soporte con varias puntadas de hilo amarillo, proceso que recibe el nombre de "urdido".
Posteriormente hay que tejer-bordar cada pieza una a una, sobre el relleno y, posteriormente si fuese necesario, añadir también lentejuelas o cualquier otro abalorio que estuviese incluido en el diseño original.
Se borda utilizando hilo de oro, e hilo amarillo para fijar éste a la tela, dado que el hilo de oro no es flexible, motivo por el cual nunca atraviesa la tela, pues se partiría, no lo resistiría. Así que el tejido o bordado en oro consiste en realizar pasadas de extremo a extremo de la pieza, con el hilo de oro, ayudándose de la broca, extendiéndolo sobre la misma y se fijándolo por ambos extremos, dando pequeñas puntadas ocultas con hilo de seda amarillo previamente encerado, de manera que este último sólo sea visible desde la parte inferior del bastidor, es decir, el reverso de la pieza.
Siempre se borda de derecha a izquierda o de arriba abajo, siguiendo la dirección de los motivos. Combinando diferentes grosores y tipos de hilo de oro se consiguen distintos efectos.
Cuando la pieza esté terminada, se encola por su parte trasera para darle cuerpo y asegurar los hilos, o bien se le da una mano de almidón de arroz, se corta y ya está lista para pasar al terciopelo.
El artesano no es partidario de que la pieza sea un "catálogo de puntos" y por ese motivo para sus tejidos utiliza poca variedad, básicamente los siguientes: setillo, para el cual se extiende el hilo de oro de dos en dos y se va sujetando con puntadas encontradas; ladrillo, igual que el anterior pero las puntadas se encuentran de dos en dos, de tres en tres, etc.; media onda, las puntadas se encuentran en inclinación ascendente; puntita, las puntadas se van encontrando en ascendente y, al llegar a una cierta altura, se comienza a descender formando un zig-zag; puntita doble, igual que la anterior pero encontrando las puntadas de dos en dos, de tres en tres, etc.; dado, las puntadas forman cuadros o rombos; listado, se introduce una lista de hilo con punto diferente al utilizado en el resto del motivo; y milanés, un bordado con sedas de colores.
Una vez terminadas todas las piezas individuales, se monta el bastidor definitivo; el proceso de montaje puede durar incluso un día completo, dependiendo del tamaño de la pieza.
El lienzo debe quedar muy tirante. Atirantar el bastidor es una tarea que requiere más fuerza cuanto más grande es el mismo, por lo que el proceso es idéntico al de preparación de los bastidores pequeños, pero necesita del trabajo y la colaboración de varias personas.
Sobre el lienzo se adhiere la tela con la que vamos a trabajar, lo que se llama el soporte. Normalmente se hace con almidón y se deja secar, aproximadamente unas veinticuatro horas. Por regla general, el terciopelo es el soporte más cofrade, pero también se pueden utilizar otros tejidos nobles como otomanes, damasco, tisú de plata o rasos de seda.
Sea cual fuera el soporte elegido, sobre el mismo se coloca la guía o patrón de papel y, sobre ella, las piezas individuales en su lugar correspondiente; se apuntan con alfileres y se les dan unas puntadas. Se vuelven a rellenar, una segunda vez y de nuevo se urden.
Posteriormente tiene lugar el perfilado, que es la parte fundamental del proceso. Un buen perfilado puede arreglar una mala pieza y, al revés, también puede estropearla. El perfilado se hace con un cordón que remata la pieza, arregla errores y termina de definir el trabajo. Es precisamente el perfilado el que define la calidad del trabajo, por lo que es casi regla general que el perfilado lo realice el maestro bordador.
Al tiempo que se van colocando las diferentes piezas, se lleva a cabo el tronqueado, que consiste en el tejido o bordado que compone el entramado del dibujo y da unidad a las piezas y que se realiza a través de ramas y tallos o troncos, de ahí su nombre. Dependiendo del resultado que se desee conseguir, el tronqueado puede ser anterior o posterior a la colocación de la pieza.
Según se va avanzando en la elaboración del bordado, hay que ir haciendo apertura en el bastidor, es decir, separando las barras para poder ir incluyendo el resto del soporte, pero teniendo la precaución de dejar la misma anchura anterior, lo cual requiere fuerza y precisión, pues debe volver a quedar tenso y a igual distancia.
Una vez finalizado, se retira el papel sobrante y se almidona, o bien se encola por la parte de atrás, cubriendo toda la urdimbre y, dependiendo del tipo de pieza, ya se puede sacar del bastidor. Si no se encolase, además de que la urdimbre quedaría desprotegida, la tela no se mantendría rígida sino que tendería a encogerse.
Una vez la pieza fuera del bastidor, sólo resta el acabado que se hace en el taller de confección, y que consiste en coger el dobladillo, coser el forro y, en su caso, añadir el encaje, las cogidas del faldón, los flecos, etc.
La restauración es mucho más complicada y laboriosa que el bordado nuevo. Pues en primer lugar se deben sacar (descoser) una a una las diferentes piezas que componen la obra y pasarlas a bastidores individuales. El siguiente paso es el tratamiento de limpieza para recuperar todo aquello que sea posible. Dicho tratamiento se va haciendo por diferentes grados, empleando de menor a mayor "agresividad".
Hay que cortar con bisturí los hilos que no puedan ser aprovechados, reforzando los extremos para asegurar el resto, antes de sustituirlos por hilos de oro nuevo, y posteriormente sanear igualmente el resto de motivos como lentejuelas y piedras y reemplazar los insalvables.
El siguiente paso, es volver a montar todas las piezas en el soporte original, si éste lo permite, o pasarlas a nuevo tejido si fuese necesario, teniendo siempre la máxima de respetar el trabajo del artista original e interferir en su obra lo menos posible.